La Atlántida ¿Realidad o Mito? Bases históricas del relato de Platón

Mito o historia real, sobre la existencia de la Atlántida y su catastrófica desaparición se pueden decir muchas cosas, unas más sensatas que otras. Pero lo que no se puede negar es que este relato se ha ganado un sitio en la cultura popular. Es realmente ya un misterio la razón de por qué una historia escrita hace 2.500 años (veinticinco siglos) por el filósofo griego Platón continúa capturando hoy la imaginación colectiva, alimentando incontables libros, películas, artículos, páginas web e incluso dibujos animados.

La Atlántida ha generado también una colorista controversia (reforzada por la era Internet) que tiene ribetes de “contracultural”. Es un frente en el que los defensores de la libertad de pensamiento se enfrentan a la ortodoxia y a la camisa de fuerza impuesta por el establishment científico. Sí, a menudo los protagonistas de esta amena polémica son los mismos que vemos envueltos en los círculos paranormales y ufológicos. Creo que no es faltar al respeto a nadie constatar que en esos ámbitos la línea que separa a los supuestos “investigadores” de los simples timadores o incluso desequilibrados es bastante delgada.

Pero la Atlántida no interesa sólo a frikis. Parte del atractivo contemporáneo de este mito ha sido alimentado por historiadores, científicos, arqueólogos y geólogos que han entrado en el debate para evaluar y discernir los elementos literarios, históricos o geográficos. La misma BBC produjo el documental titulado “Helike, la verdadera Atlántida”, proponiendo a esta ciudad griega (que fue destruida por un seísmo) como la fuente inspiradora de Platón.

¿Qué sabemos exactamente de la Atlántida y su colapso? No mucho. El relato de Platón ha llegado hasta nosotros incrustado en dos pequeños ensayos, Timeo y Critias, los cuales se cree que fueron escritos una década o dos antes de su muerte, acaecida en 348 AC. En ellos nos presenta la historia aparentemente real de una sociedad ideal que existía muchos milenios que la Grecia clásica en la que vivió el filósofo.

La decadencia de esa noble civilización condujo a una guerra contra su anterior aliado, Atenas, y culminó con su destrucción cataclísmica, datada por Platón en 9.000 años anterior a su tiempo. Del final Platón sólo anota que “algún tiempo después hubo terremotos e inundaciones de violencia extraordinaria, y en un simple día y noche terribles todos vuestros combatientes con vida (los atenienses) fueron tragados por la tierra, y la isla de Atlantis fue similarmente tragada por el mar y desapareció.

Mientras el núcleo del relato de Platón detalla –tediosamente- la organización política y la descripción física de Atlantis, su localización y la naturaleza de su destrucción merecen sólo unos pocos párrafos. Ésa es la base, el vacío, sobre el que posteriores especulaciones han originado una controversia que no ha hecho sino crecer con los tiempos, y que es hoy fetiche de la cultura popular en todo el mundo desarrollado.

Acerca de la Atlántida se han fabricado tantas teorías, y algunas tan descabelladas (desde un planeta que explotó hasta atribuirle el ser la madre de todas las civilizaciones), que la verdadera naturaleza del mito de Platón sigue siendo tan esquiva como siempre. Para los que creen que la Atlántida existió tal como la describe el filósofo, las posibles ubicaciones de la ciudad perdida son cada vez más exóticas. Las últimas son el Caribe, Sudáfrica, el continente Antártico, Irlanda o la Polinesia francesa. Muchas teorías sustentan que Platón se refiere al auge y caída de una civilización antigua conocida, cuya edad o localización no obstante difiere de lo expresado en el relato. El debate, agrio, se centra en qué antigua civilización de las conocidas es. Los minoicos de Creta han sido durante mucho tiempo una opción socorrida. Troya es otra candidata.

Todas estas teorías requieren algún grado de ajuste, o de reinterpretación del mito, para encajar con la historia conocida. Por esa razón muchos estudiosos han adoptado la postura de los contemporáneos de Platón, esto es, considerar la Atlántida como una pieza de ficción, inventada para ilustrar el desastroso final que Platón asignaba a su ciudad estado ideal.
Claro que, aún siendo una ficción, no se descarta que fuera inspirada por eventos reales de la historia de la Grecia clásica. El relato fue escrito durante una época dorada de la observación del mundo natural. A través de los escritos de los contemporáneos como Herodoto, Tucídides, Aristóteles y Calístenes, los seismólogos han podido, pieza a pieza, descubrir que en aquella época Grecia fue sacudida por una serie de terremotos, con una frecuencia y una ferocidad superior a cualquiera de los que se conocen en los siglos precedentes. Y lo que es más significativo, varios de esos terremotos tuvieron gran importancia política y cultural.

El primer terremoto de gran magnitud golpeó Esparta entre 469 y 464 AC, en una coyuntura histórica en que el equilibrio de poder entre Esparta y Atenas estaba en un delicado momento. Murieron a consecuencia del desastre más de 20.000 personas y provocó la insurrección de varios grupos y ciudades contra las leyes espartanas que los subyugaban. El resultado fue la llamada “Guerra del Terremoto” entre Esparta y sus satélites, durante la cual la negativa espartana a aceptar la ayuda ateniense incrementó la hostilidad mutua entre ambas ciudades. Esta hostilidad fue caldeándose durante décadas hasta culminar en el año 431 AC con el inicio de la Guerra del Peloponeso, un sangriento enfrentamiento entre las dos polis que implicó a las respectivas ciudades aliadas de ambas.

Poco después del comienzo de la Guerra del Peloponeso, la tercera de una serie de epidemias asoló Atenas. Parecían ser los tiempos propicios para las catástrofes, porque en el verano del año 426 AC tuvo lugar uno de los terremotos más desastrosos que recogen las fuentes de la antigüedad. Nos hablan del derrumbamiento general de los edificios, destrucción causada por oleajes sísmicos (tsunamis) y miles de víctimas. Aunque sus efectos se concentraron al norte de Atenas, cerca de la actual Lamia, hubo extensas ramificaciones. Un ejército espartano acampado a 100 kilómetros al oeste de Atenas en el Istmo de Corinto, que se preparaba para atacar la ciudad, se vio obligado a regresar a casa.

Los efectos del movimiento devastaron gran parte de las costas al norte de Atenas, incluyendo una isla llamada Atalante donde fueron destruidos una fortaleza ateniense y varios barcos de Guerra. Los relatos posteriores de Diodoro de Sicilia (primer siglo AC) y Estrabón (primer siglo DC) afirman que la isla de Atalante fue creada como consecuencia del movimiento de olas. El alto número de víctimas, los daños generalizados y los contundentes cambios de la línea de costa debieron contribuir a agudizar la dura situación de los atenienses, ya acosados por la guerra y las epidemias.

La Guerra del Peloponeso terminó formalmente en el año 404 AC, aunque las hostilidades continuaron de manera intermitente entre Esparta y Atenas hasta que se firmó el tratado de paz del año 387 AC. Poco después otra calamidad caía sobre la región: en el año 373 AC, un violento terremoto, acompañado de sus habituales oleajes, destruyó Helike y Bura, dos ciudades situadas en las costas meridionales del Golfo de Corinto, a unos 150 kilómetros al occidente de Atenas.

En la época de su destrucción, Helike era la floreciente capital de la Liga Aquea, una confederación de ciudades-estado, y exhibía con orgullo en todo el mundo mediterráneo su condición de centro de culto al Dios Poseidón. Como lugar de culto y santuario, su importancia sólo era sobrepasada por el Oráculo de la cercana Delfos. Helike practicaba además una política de amistad y armonía con las ciudades vecinas, lo que le permitió permitirse al margen de los enganchones bélicos y políticos que arrastraron a los otros griegos. La estabilidad social y política, y la prosperidad económica, tuvieron un fin abrupto en una noche de invierno del año 373 AC.

Existen testimonios dramáticos de los contemporáneos que vieron lo que les pasó a Helike y a Bura esa noche. El griego Pausanias, visitando el lugar de la devastación casi 500 años más tarde, escribió que “Un terremoto golpeó el país y destruyó todos y cada uno de los edificios, hasta los mismos cimientos de la ciudad se perdieron para siempre”.

La subsiguiente ola “inundó la tierra hasta muy adentro y cubrió la ciudad y sus alrededores, y el nivel del mar cubrió hasta tal altura el santuario de Poseidón que no se podía ver nada salvo las copas de los árboles. Una repentina sacudida fue enviado por el Dios, y con el temblor el mar retrocedió, arrastrando Helike en las aguas junto con todas las personas vivientes”.
Después del desastre, lo que quedó de los territorios de Helike fue dividido entre sus vecinos. La ciudad vecina de Aegion asumió el control de la Liga Aquea, y Helike cayó en la oscuridad política. Una tradición se difundió entre los vecinos aqueos según la cual Helike había sido castigada por Poseidón al haber descuidado el santuario.

Su desaparición de la escena política estuvo acompañada por la desaparición física de la ciudad, la cual varios escritores antiguos creyeron que descansa bajo las aguas del golfo de Corinto. A Viajeros como Estrabón y Pausanias, que buscaron la ciudad varios siglos después, les enseñaron algunas ruinas sumergidas y les contaron relatos acerca de una estatua de bronce de Poseidón que fue atrapada por las redes de los pescadores locales.

Su potencia destructiva y el hecho de que se hallaran en las cercanías grandes centros culturales del mundo griego, causaron que el suceso fuera objeto de la curiosidad filosófica y científica de los contemporáneos. Influyó en Aristóteles, que formuló su teoría de que los terremotos y sus posteriores oleajes eran el producto físico de condiciones meteorológicas opuestas, y no consecuencia de acciones sobrenaturales, teoría que sería aceptada durante más de 1.800 años. Pudo también tener un mayor impacto en un contemporáneo de Aristóteles, Platón, nacido alrededor del año 427 AC, y que tendría unos 50 años cuando Helike desapareció. La destrucción en una sola noche de la ciudad adoptiva de Poseidón por un terremoto y su posterior tsunami que se la tragó definitivamente, tiene el mismo sabor del súbito hundimiento de la Atlántida.

Pero además se pueden hallar otras pistas en los relatos de otros dos grandes seísmos que lo precedieron. Con el gran terremoto Espartano del año 464 AC, que irrumpió en las guerras entre espartanos y atenienses, y el tsunami que anegó la isla de Atalante en el 426 AC, no se necesita nada más para que Platón se sintiera inspirado.

Hacia el final de una centuria que había presenciado la ola de terremotos más violenta del mundo antiguo, los griegos ordinarios no tenían razones para sentirse atraídos por la fascinación de la mítica Atlántida, sino de preocuparse por los cataclismos que formaban parte de su experiencia vital.

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3 comentarios para “La Atlántida ¿Realidad o Mito? Bases históricas del relato de Platón”

  1. ALBERTO Dice:

    Yo creía que se hablaba de la Atlántida en textos anteriores a Platón, como Herodoto o antiguos textos de La India ¿qué hay de verdad en ello?

  2. Georgeos Díaz-Montexano Dice:

    Estimado IndikeTV:

    Primero felicitarle por el artículo, me ha parecido bastante objetivo e imparcial… Solamente quería puntualizar dos cosas:

    1. Creo que habría sido justo mencionar dentro de la lista de teorías, justamente a la que más se aproxima a la descripción de Platón (al menos desde le punto de vista geográfico-toponímico) o sea, la teoría de Atlantis como un emporio Ibero-Mauretano de la Edad del Bronce.

    2. Usted dice: “…Por esa razón muchos estudiosos han adoptado la postura de los contemporáneos de Platón, esto es, considerar la Atlántida como una pieza de ficción, inventada para ilustrar el desastroso final que Platón asignaba a su ciudad estado ideal….” Pero no es cierto, precisamente la postura de los contemporáneos de Platón era considerar a la Atlántida como lo mismo que Platón afirmó a través de Critias y del gran Sócrates, o sea, que la Atlántida era “una historia verdadera y no un mito fabricado” o fábula (Timeo 26d). Hace años que vengo realizando un profundo estudio de todas las fuentes conocidas (poco conocidas, y hasta inéditas) que hacen referencia a la Atlántida de Platón, y la conclusión obligada es que son mayoría -casi absoluta- los que creyeron en la veracidad histórica del relato. Mi libro saldrá publicado en Septiembre de este año, y será presentado en el cierre de la Expo del Agua de Saragoza, por si os interesa, como he dicho, es el estudio más completo y exhaustivo jamás realizado sobre los más antiguos códices y manuscritos que hacen referencia a la Atlántida de Platón, o a los atlantes, desde los tiempos de Platón hasta el final de la Antigüedad tardía.

    Saludos cordiales,
    Georgeos Díaz-Montexano
    http://www.GeorgeosDiazMontexano.com

  3. indiketv Dice:

    Estimado Georgeos: Le agradezco su documentada aportación, que sin duda enriquece el texto del artículo. Creo que su postura es bastante sólida, y no la puedo rebatir. No obstante he de subrayar que mi artículo busca, por así decirlo, la explicación más sencilla de cómo se le pudo ocurrir a Platón referirse a la Atlántida en sus escritos. Está claro que si optamos por la interpretación se pueden construir hipótesis muy elaboradas, que yo no estoy en condiciones de negar ni tampoco de admitir. Evidentemente yo no puedo saber qué había en la mente de Platón, pero sí puedo saber cómo era la realidad inmediata en la que vivió. Y creo que en esa realidad cotidiana para él ya estaban los ingredientes con los que construir su relato atlante, ésa es la tesis que mi artículo intenta defender y me apoyo en mi conocimiento -básico pero claro- de las fuentes clásicas. Hay otros enfoques, tan buenos o mejores que el mío, ¿quién no se siente fascinado por la imagen de Solón consultando los archivos egipcios y recibiendo la información de los sacerdotes?. La ubicación de un imperio atlante real en el occidente mediterráneo sigue siendo una idea-imán, hay que reconocerlo. Le agradezco su aportación otra vez, y le deseo mucha suerte en la presentación de su libro.

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